27 Noviembre 2009
The Economist

¿Europa Tiene la respuesta?

Batallando con el desempleo. Aunque la producción en la Eurozona ha caído tanto como en los Estados Unidos, las listas del desempleo no han crecido igual.
Las tasas de desempleo son elevadas, tanto en EEUU, como en Europa.
No completamente. Pero Estados Unidos todavía podría aprender de algunas de las ideas del viejo continente para atacar el desempleo.

A primera vista, la idea de que Europa tiene algo para enseñarle a los Estados Unidos acerca de cómo atacar el desempleo parece absurda. Estados Unidos tiene algunos de los mercados de trabajo más flexibles del mundo desarrollado, mientras que la Europa continental, en la mente popular, es un lugar esclerótico con sindicatos poderosos, mercados de trabajo rígidos y un alto desempleo atrincherado. Por el último cuarto de siglo la tasa de desempleo en los Estados Unidos ha promediado un 5.8% comparado al 9.5% en Francia y un 9.1% en Alemania.

Este cuadro puede estar cambiando. Aunque la producción en la Eurozona ha caído tanto como en los Estados Unidos, las listas del desempleo no han crecido igual. La tasa de desempleo para la Eurozona ha aumentado menos de un tercio, comparado con el doble al otro lado del Atlántico. En 9.7%, la tasa de desempleo en la Eurozona es alta, pero un poquito menos que en los EEUU, donde las nuevas cifras del 6 de noviembre demuestran que el desempleo está alcanzando los dos dígitos.

La divergencia en política es aún mayor. Estados Unidos ha colocado un fuerte paquete de estímulos fiscales, pero relativamente poco de ese dinero ha ido a las políticas del mercado laboral-planes para atrasar cancelaciones, aumentar los empleos o apoyar a los desempleados. Aunque Estados Unidos ha extendido sus (exiguos) beneficios de desempleo, y es posible que lo haga de nuevo, la respuesta principal del Congreso a la persistentemente elevada tasa de desempleo ha sido un montón de nuevas propuestas de estímulo mal enfocadas. La extensión de un crédito impositivo a los propietarios de viviendas es inminente, y se está discutiendo un pago de US$250 a los envejecientes.

Los legisladores europeos, al contrario, parecen tener una estrategia más coherente: una que utiliza el dinero del gobierno para subsidiar una semana de trabajo más corta, recorta los costos de mano de obra, y, en algunos casos, ofrece subsidios de impuestos para apoyar la creación de nuevos empleos. La OECD dice que 22 de 29 de sus países miembros han extendido apoyo para trabajadores en suspenso, y 16 han recortado los impuestos sobre nóminas y otras contribuciones sociales. Los países que están haciendo este tipo de cosas están desproporcionadamente en la Europa continental.

La combinación europea de políticas representa sin duda una vasta mejoría de su reacción frente al desempleo durante otras recesiones profundas. En los años 1980, por ejemplo, la desocupación se atrincheró con planes mal orientados de retiros tempranos. Esta vez, los gobiernos europeos correctamente se han enfocado en mantener a la gente trabajando, evitando así el prolongado precio económico de un elevado desempleo, porque los trabajadores pierden sus capacidades y talentos y se hacen más difíciles de emplear de nuevo. Desafortunadamente, el tener la meta correcta no quiere decir que todas las intervenciones europeas merecen ser imitadas.

Hacen sentido en el corto plazo, crean problemas al largo plazo

Consideremos el subsidio de semanas laborales más cortas, la innovación europea más dramática. Mediante el pago a las compañías para mantener a los trabajadores, los gobiernos han frenado el alza del desempleo y ayudado a sostener la confianza del consumidor y la demanda. En una violenta caída económica repentina, impulsada por restricciones crediticias y el colapso de gastos globales, tales subsidios hacen sentido a corto plazo. Pero ellos apoyan la demanda a través de un proceso de fosilizar la estructura de empleos en un país y evitan el desplazamiento de obreros de industrias con capacidad en exceso (como las automotrices) a otras más promisorias. Esta osificación de seguro volverá a atormentar a la Europa continental. Y sería una locura en una economía como la de los Estados Unidos, donde el final del desenfreno consumidor, alimentado en base a deudas, está obligando a grandes cambios estructurales.

En vez de incentivar la parálisis laboral, los gobiernos deberían estimular la contratación de empleados. Políticas que lo hacen presentan muchas posibilidades. En un extremo están los planes de trabajos públicos como aquellos introducidos en los 1930 y ahora utilizados en una escala masiva en la India. Una aproximación más modesta y más inteligente para las economías ricas de hoy es aumentar los incentivos para que las compañías empleen nuevos obreros. Es por eso que los gobiernos de Europa tienen razón al enfocarse en eximir o reducir sus altos impuestos a las nóminas, especialmente para empleos adicionales. Y es por eso que las propuestas estadounidenses de financiar una extensión del seguro de desempleo con los impuestos de nómina están mal orientadas. Los pesados impuestos laborales son una de las razones por las que Europa entró en picada con tasas de desempleo mucho más altas que los Estados Unidos. Aliviar esa carga haría lo máximo para aumentar los empleos-a ambos lados del Atlántico.

© 2009 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com


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