Cuba y los Estados Unidos. Regresa la desconfianza habitual.
Los cubanos que pregonan libros de segunda mano en improvisados puestos de ventas en la Plaza de Armas de La Habana se emocionaron cuando Barack Obama fue elegido. Se preguntaban si millones de turistas norteamericanos vendrían poco después. Se difundió que los vendedores estaban en el mercado para la compra de parafernalia norteamericana previa a la revolución tales como la revista Life y anuncios de Coca Cola o periódicos de la Guerra Española-Americana. Pero la esperanza de que Obama y su contraparte cubana, Raúl Castro, terminaran el congelamiento de 50 años de las relaciones entre los dos países, demostró ser prematura.
Barack Obama comenzó con algunos gestos. En abril pasado su administración eliminó los frenos a las visitas y remesas de los cubanos-americanos impuestos por George Bush. Dijo también que permitiría que firmas norteamericanas proporcionaran servicios de telecomunicaciones a Cuba. Calladamente desconectó un teletipo electrónico en la pared de la Sección de Interés de los EE.UU. en La Habana que había transmitido noticias (propaganda, se quejaban los cubanos, quienes levantaron una barricada para taparlo). El gobierno también reinició conversaciones sobre temas prácticos, tales como la migración, que había sido detenida bajo la administración de Bush.
La más reciente ronda de conversaciones tuvo lugar a finales de febrero. Fueron ensombrecidas por los bochinches usuales. Los funcionarios norteamericanos exigían la libertad de Alan Gross, quien se encontraba trabajando bajo un contrato de la USAID y fue arrestado en La Habana en diciembre. Su familia dice que estaba ayudando a grupos de judíos en Cuba a establecer conexiones de internet con base en un satélite; Cuba lo acusa de espionaje. La delegación norteamericana también se reunió con un grupo de disidentes. Eso provocó furiosas declaraciones del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba diciendo que los visitantes estaban menos interesados en promover las relaciones que en "promover la subversión para derrocar la revolución cubana".
Cuatro días después de las conversaciones, Orlando Zapata, un disidente que se encontraba preso, murió bajo custodia en un hospital de La Habana después de una huelga de hambre de 85 días en protesta por el maltrato recibido en prisión. Eso ocasionó una protesta de los grupos internacionales de derechos humanos. Cientos de policías evitaron que todos menos unos cuantos disidentes asistieran al funeral en el pueblo natal de Zapata en la región oriental de Cuba.
Orlando Zapata, un albañil de una familia pobre, fue arrestado en el 2003 durante allanamientos realizados en Cuba en contra de los pequeños movimientos de oposición. Él no estaba entre los disidentes más conocidos, por lo que inicialmente fue sentenciado a tres años por "falta de respeto a la autoridad", condena que luego fue incrementada a 25 años, después que tomó parte en una protesta en la prisión. Raúl Castro dijo que lamentaba la muerte de Zapata. El gobierno insistió en que era un criminal común. Ciertamente, su muerte ha avergonzado a Castro, al igual que al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien se encontraba visitando a Cuba en ese momento, pero que se rehusó a condenar el hecho.
No importa que tan descontentos se encuentren con los fracasos diarios del gobierno comunista, muy pocos cubanos se atreven a enfrentar el acoso a que son sometidos los oponentes activos. Los que en los Estados Unidos argumentan que el embargo económico norteamericano simplemente sirve para apuntalar el régimen de Castro, esperan que el equipo de Obama esté de acuerdo con ellos. Pero está claro que la administración no está preparada para una batalla con los que apoyan el embargo en el Congreso. Los intentos de levantar la prohibición de que los americanos viajen a la isla han sido entorpecidos. "Hicimos un gran esfuerzo inicial, pero no obtuvimos nada" de parte del Gobierno cubano, dijo un oficial del Departamento de Estado. Raúl Castro ha sido enfático al decir que el sistema comunista cubano no será tema de negociación con los Estados Unidos.
En diciembre, un juez en Miami volvió a sentenciar a largos períodos de prisión a dos de cinco agentes cubanos arrestados en 1998 por espiar a cubanos-americanos anti castristas. En enero, el gobierno incluyó a Cuba en una lista de sólo 14 países de alerta terrorista de acuerdo a la cual los pasajeros cubanos debían ser examinados con mayor atención por las líneas aéreas antes de permitirles volar.
Eso provocó una protesta diplomática de parte de Cuba, y las primeras manifestaciones antinorteamericanas organizadas por el gobierno en toda la isla, desde que la enfermedad de Fidel Castro le obligó a dejar la presidencia en el 2006. Cuando Raúl Castro anunció el arresto de Gross, dijo que esto demostraba que el gobierno de Obama estaba tratando de derrocar el gobierno y que no era distinto de sus predecesores. La luna de miel concluyó antes de comenzar.
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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com