30 Julio 2010
The Economist

Calumnias, mentiras y más preguntas

El caso Bettencourt. Nicolás Sarkozy trata de dispersar la fumarada del escándalo
Antoine Gillot, abogado de Claire Thibout, quien alega que la señora Liliane Bettencourt donó grandes sumas de dinero al UMP por encima del límite legal.
Aún no termina

El Día de la Bastilla, el 14 de julio, con su brillante parada militar y aviones sobrevolando los Campos Elíseos, se supone debía ser un momento para celebrar la grandeza de Francia antes del inicio de la temporada de vacaciones. Este año se sintió como una breve distracción de asuntos más desagradables. A pesar de los esfuerzos realizados por el presidente Nicolas Sarkozy para desinflar el escándalo que le afecta a él y a su gobierno, muchas preguntas permanecen sin contestar.

En una entrevista televisada el 12 de julio, Sarkozy denunció como "calumnias y mentiras" los alegatos contra él y Eric Woerth, su ministro de trabajo. Los cargos se refieren al escándalo por donaciones al partido y supuesta evasión de impuestos de Liliane Bettencourt, la multimillonaria heredera del imperio de cosméticos L'Oreal. Sarkozy admitió haber cenado en la mansión de Bettencourt, pero describió como "calumnia" la idea de que él había salido con un sobre lleno de dinero para ayudar a su carrera política. La ex contable de Bettencourt, Claire Thibout, quien primero hizo esta acusación, se ha retractado - bajo presión, dice su abogado - insistiendo que ella nunca dijo que Sarkozy "regularmente" recibía dinero, y nunca vio el dinero cambiar de manos.

En cuanto a Woerth, el presidente lo llamó "profundamente honesto", haciendo referencia a una investigación de los auditores de impuestos publicada el día anterior. El informe exoneraba a Woerth, en su anterior trabajo como ministro de presupuesto, de haber "ordenado, distorsionado u orientado" ninguna auditoría de impuestos de Bettencourt.

Sarkozy esperaba que esto terminara con el asunto. Pero las preguntas continúan. Por un lado, a Sarkozy no se le preguntó sobre una supuesta donación de €150,000 (US$190,000), ni sobre reuniones que se supone él sostuvo con la señora Bettencourt siendo presidente. Por otro lado, Sarkozy implícitamente reconoció dos problemas que su gobierno ha tratado de desechar.

Primero, que hubo por lo menos la percepción de un conflicto de intereses. Durante la entrevista, Sarkozy aconsejó a Woerth renunciar de su otro trabajo como tesorero del partido de gobierno: el UMP, mientras desempeñara un cargo del gobierno. (Woerth está a cargo de una controversial reforma del sistema de pensiones, que el gabinete aprobó el 13 de julio.) Woerth dijo que renunciaría este mes a su trabajo en el partido. La señora Bettencourt era una donante (legal) del UMP, a pesar de que su gerente financiero, Patrice de Maistre, niega haberle entregado a Woerth €150,000 - muy por encima del límite legal - para ayudar a financiar la campaña presidencial del Sarkozy en el 2007, como alega Thibout. Woerth también rechaza la acusación.

Segundo, Sarkozy anunció que le solicitaría al parlamento esclarecer las reglas que gobiernan los conflictos de intereses en la vida pública. La esposa de Woerth, Florence, trabajaba para Liliane Bettencourt como gerente de inversiones en un momento en que, admite De Maistre, la heredera mantenía cuentas bancarias secretas en Suiza - y Woerth estaba apretando las tuercas contra la evasión de impuestos. Dice Bettencourt que ella ahora hará la declaración de todos sus bienes en el extranjero. Ya la señora Woerth renunció y niega tener ningún conocimiento sobre los asuntos fiscales de la familia Bettencourt.

Es probable que surjan otras controversias. El 15 de julio, como parte de tres investigaciones judiciales, cuatro personas fueron apresadas: el señor De Maistre; François-Marie Banier, un fotógrafo de sociedad quien recibió regalos por un valor de casi mil millones de euros de parte de Bettencourt; Fabrice Goguel, su anterior abogado de impuestos; y Carlos Vejarano, el gerente de una isla de las Seychelles de propiedad dudosa.

Existe preocupación de que la presidencia está demasiado cerca de Philippe Courroye, el fiscal del caso. Courroye le dijo a Le Monde esta semana que él está actuando de manera estrictamente imparcial. La presión para que lo haga se ha incrementado gracias al escrutinio que el caso ha generado, en Francia y en el exterior.

© 2010 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved. De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com


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